DIA DE LOS MUERTOS


La muerte siempre ha intrigado a la humanidad: ¿Qué sucede después de la muerte? ¿Hay vida después de la muerte? Mundialmente, las diferentes culturas han intentado alivianar el dolor causado por la partida de los seres queridos y han tratado de darle un sentido a la muerte. Dentro de la cultura ecuatoriana, en donde los lazos familiares son muy importantes, recordar a los muertos tiene una dimensión particularmente rica. El Día de los Muertos, celebrado el 2 de noviembre, es un tiempo en el cual los ecuatorianos tratan de asimilar este proceso natural a través de algunas tradiciones originales: hornean guaguas de pan, visitan los cementerios y, en algunos casos, hacen hermosas figuras de mazapán.

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Cuando el Día de los Muertos llegó a América, halló tierra fértil. Esto se debe a que la mayoría de grupos étnicos también honraban a sus muertos. De hecho, la muerte era considerada una parte de la vida, y los muertos también tenían sus necesidades. En los sitios arqueológicos, se han encontrado muchos entierros con implementos como comida, joyas y ropa para la próxima vida. Hoy en día, algunos pueblos indígenas de la amazonía ecuatoriana aún entierran sus muertos debajo de sus casas. Estos ejemplos demuestran que, para los pueblos indígenas, los muertos deben guardarse cerca y deben ser respetados y sus necesidades deben ser atendidas.

En el Ecuador, especialmente en la serranía, existe una tradición muy interesante. Se trata de comer un pan en forma de niño acompañado de la famosa colada morada. Las familias visitan los cementerios, las tumbas se decoran cuidadosamente con flores y velas y se coloca comida sobre las mismas. En áreas indígenas en donde se honran más las tradiciones, hasta se cavan huecos al lado de las tumbas y se coloca adentro algo de licor, una guagua de pan y la comida favorita del muerto. Mientras la tierra absorbe la comida, se cree que el muerto está comiendo.

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En Calderón, un pueblito al norte de Quito que se ha convertido en un suburbio de la ciudad, el Día de los Muertos toma un giro aún más rico. Esta área seca y polvorienta es el hogar de las hermosas figuras de mazapán que solían ser parte de la tradición del Día de los Muertos. Como explica una artesano que trabajo con mazapán, los pueblos indígenas de los alrededores de Quito y Cayambe compraban caballitos, llamas y niños de mazapán para obsequiarlos a sus seres queridos durante el mes de noviembre. “Era como la Navidad”, recuerda con nostalgia: “La gente venía de todas partes para comprar nuestras hermosas figuras de mazapán y se las regalaban entre sí o las usaban para decorar las tumbas de los cementerios”. Actualmente, en noviembre, en algunos de los cementerios más tradicionales, como los de Otavalo, Calderón y, posiblemente, el de San Diego en Quito, aún se pueden encontrar versiones más sencillas de estas figuras que adornan las tumbas.

Aunque es una fiesta común a todos los católicos, el Día de los Muertos, como se celebra en el Ecuador, es una expresión característica de nuestra herencia. Trabajemos para que el amor y el respeto por los antepasados, el compartir la comida con la familia, el hacer guaguas de pan y figuras de mazapán no desaparezcan.

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Death has always intrigued mankind.  What happens after we die?  Is there life after death?  All around the world, cultures have tried to ease the pain when loved ones “pass away” and have tried to make sense of death. In Ecuadorian culture, in which family ties are highly valued, remembering the dead takes on a particularly rich dimension. The Day of the Dead, celebrated on November 2, is a time in which Ecuadorians try to assimilate this natural process, through a unique tradition: from baking guagua de pan (bread children), visiting cemeteries, and, in some cases making beautiful Masapan figurines.

When the Day of the Dead reached the Americas it fell on fertile ground.  This is because most native ethic groups also honoured the dead. In fact, death was seen as part of life, and the deceased also had needs. In archeological digs, many burial sites were found with implements such as food, jewels and clothing for the next life.  Today, some indigenous people of the Ecuadorian Amazon still burry their dead underneath their homes. These examples show that for Andean people, the dead must be kept close, respected, and have their needs met too.

In Ecuador, especially in the highlands, an interesting tradition exists. It consists of eating child-shaped bread, accompanied with a delicious fruity red beverage called colada morada. It provides a good excuse for families to gather together, and share this delicious meal. Later on, the family will pay a visit together to cemeteries, and greet their deceased relatives. Tombs stones are carefully decorated with wreaths and candles, and food is placed on the tombs and shared. In more indigenous areas, next to the tombs, holes are made and some liquor, a bread child, and any food which was a favorite of the dead person are to be placed inside. As the food is absorbed by the ground, it is said the dead person is eating. 

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In Calderon, a village now turned suburb north of Quito, the Day of the Dead takes and even richer twist. This dry and dusty area is the home of beautiful marzipan figurines which used to be part of the Day of the Dead tradition.  As one marzipan artisan explains, indigenous people from around Quito and Cayambe, would buy the marzipan horses, llamas and children, and give them as presents in November.  “It was like Christmas” she says with nostalgia.  “They would come from all over to buy our lovely figurines and give them to each other as presents or to adorn tombstones in cemeteries.”  Today, in some of the more traditional cemeteries such as Otavalo, Calderon and possibly San Diego cemetery in Quito, a simple version of these figures may still be seen. 

Though common to all Catholics, the Day of the Dead, as celebrated in Ecuador, is a unique expression of our heritage. Hopefully, the respect and love for ancestors, the sharing of a meal as a family, the bread children, and the marzipan figures will not be dissolved. 

 

Fotografías: Martina Orska

 

 

 

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olgafisch

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